Los caminos a Santiago

Andar no es un deporte.
Caminando, solo una hazaña importa:
la intensidad del cielo, la belleza de los paisajes.
Frédéric Gros

Son muchos caminos, son muchísimas maneras de caminar. Y no solamente porque cada persona que pasa por esas rutas vive su propio camino, sino porque es un entramado de sorpresas: subidas, bajadas, piedras, cemento, asfalto, barro o polvo. En muchas de las vueltas cambia: sales de una zona boscosa y se abre a unos sembradíos de trigo gigantescos y a unos cielos indescriptibles, o vienes de un trayecto cerrado y la siempre presente flechita amarilla te señala un puente de madera.

Uno sigue, un pie delante del otro, mirando hacia abajo o al paisaje, pero sin dejar de poner un pie delante del otro.

Esto es mi breve recuento fotográfico, no salí con la intención de hacer fotos, pero fue imperativo, el teléfono siempre cerca, en un bolsillo y, al mirar algo, pasar uno de los bastones a otra mano y sacar el teléfono, fue inevitable en mi caso.

Si en las fotos parece que la mayor parte del camino estaba vacía es porque caminé sola mucho tiempo e intencionalmente esperé a que no hubiera caminantes. Quería fotografiar las curvas, las rectas, las subidas y bajadas, y los contrastes. Me cruzaba con mis compañeros de viaje y por ratos iba con ellos hasta que nos separábamos, cada uno a su tiempo.

Este es un blog fotográfico, lo que pasó por mi cabeza durante esos kilómetros va en otro.

Día 1 | Pamplona-Puente de la Reina

Nos prometieron un día duro, la subida del perdón, a 700 metros, y su respectiva bajada. Sin embargo, salí con muchas ganas de caminar, de que me sorprendiera el camino.

Un trayecto muy bello una vez que sales de la ciudad, campos inmensos de trigo y flores rojas, imposible no hacer fotos. Atravesamos el primer pueblo de Navarra, Cizur Menor, bello, pulcro y dormido. No lo sabía en ese momento, pero fue un patrón, los pueblos estaban durmiendo siesta, no había nadie a la vista. Yo seguí directo hasta llegar a Zariquiegui, donde sí me senté a descansa, busqué un baño y me alcanzaron mis compañeros caminantes. Ahí nos enteramos que íbamos por el kilómetro 11 de la subida y nos faltaban unos 5, así que agarramos fuerzas y seguimos.

La cima era impresionante y ahí sí se veía mucha gente descansando y tomando agua. Nos tocó un día bello para las fotos, pero soleado y caliente para caminar. La subida no me pareció terrible, así que me senté unos minutos y empecé a bajar.

La bajada era muy empinada y caminando por piedras redondas, la tierra muy roja, había que hacerlo con ciudado porque rodaban esas piedras. La primera parte fue difícil y se sintió largo, aunque en el mapa no es. Después todo el camino era en bajada, pero en suelo firme y entre los campos, atravesamos Uterga y Muruzábal, que también dormían. Poco a poco el camino se estrechaba hasta llegar a un poblado. En mi mente yo tenía que llegar hasta Puente de la Reina y seguí, cuando me paré a ver dónde era el hotel, lo había dejado atrás por 600m.

Cuando logré entrar al cuarto me di cuenta lo cansada que estaba. Fueron más de 25k. Odié mi morral, me pesó demasiado.

Día 2 | Puente de la Reina-Estella

En la noche del primer día estábamos tan cansados que no fuimos al pueblo, lo vimos en la mañana al salir. Esta etapa tenía sus subiditas también, pero, a pesar del bonito amanecer, se fue nublando el cielo y estaba el clima más sabroso para caminar.

Dejé en el morral lo estrictamente necesario y caminé sola casi todo el tiempo, durante un trayecto conversé con Jean, una chama belga que estaba haciendo parte del camino, porque no lo daba tiempo de llegar a Santiago. Estudiante de ecología, habla inglés perfecto. En Lorca ella se quedó y yo seguí. También atravesamos Zirauki y Villatuerta, donde queda la Iglesia de San Venemundo, una de las pocas que conseguí abiertas para sellar el pasaporte.

Ya cerca de Estella, al cruzar el puente, me agarró una señora pelirroja y habladora –Lola– y me convenció de que me fuera con ella por el camino “nuevo”, que es paralelo al de siempre. Habló sin parar de todas las veces que había ido a Santiago y de el nuevo camino sembrado de flores y, cuando llegamos a donde terminaba el tradicional, se nos juntó un muchacho catalán –Sergi– que no veía por donde seguir y caminó con nosotras. Yo le advertí que Lola me había secuestrado, que no estaba segura que fuéramos a llegar. Pero sí llegamos a Estella y nos despedimos de Lola, que me ahorró un par de subidas. Me encantó Estella, aunque todo estaba cerrado. Llegué al hotel y me acosté, después de mi siesta salí y me encontré con parte de mi grupo que peleaban con la puerta del hotel que necesitaba una clave para entrar.

Estábamos cansados, fueron 22k. Sin embargo yo salí a buscar un sitio donde comer porque todo estaba cerrado, caminé demasiado.

Dia 3 | Estella-Los Arcos

Salimos temprano con un maravilloso día nublado. En el mapa que está al salir del pueblo, un gringo nos explicó que habían dos rutas en este trayecto, que si queríamos seguir la tradicional, más corta, teníamos que ir por la izquierda todo el tiempo.

Yo esa izquierda no la encontré, seguí las flechas amarillas y me encontré en un bosque, bello y tupido, en subida, muy vacío de gente. Un par de veces me paré a esperar que hubiera voces de otros caminantes cerca, porque me daba miedo estar perdida. Al salir del bosque lo que había era una vista bellísima de campos abiertos y me dí cuenta que tenía un fuerte dolor en el pie derecho, que se fue haciendo más fuerte a medida que caminaba, no recuerdo haberme golpeado ni torcido. Me puse los audífonos y oí música para no pensar en eso.

Iba buscando un pueblo llamado Irache, que nunca apareció. El único pueblo que me encontré en este camino fue Luqui, donde un vecino –Pablo– me anunció que si no me paraba ahí para comer o ir al baño, que no había más nada adelante. Entré en el único sitio y fui de mesa en mesa pidiendo un ibuporfeno que nadie tenía. Me tomé una aguakina y cuando la fui a pagar no acepataban tarjeta, pero apareció Sergi y me ofreció pagar. Ahí me senté con él, un brasilero y una gringa, hasta que llegó Óscar.

Conversando, nos dimos cuenta que habíamos agarrado por el camino de la derecha, los demás andaban por otro lado. Empezamos a bajar juntos, pero yo pronto me adelanté, solo quería llegar, me dolía el pie derecho y la rodilla izquierda. Usé los bastones para tratar de no apoyar peso, pero quería llegar.

Esos 10k fueron eternos, atravesamos campos y campos de trigo, nos tropezamos con un food truck en el medio de la nada. Yo no me quería parar, pero tuve que hacerlo por el dolor. Lo peor fue que al llegar a Los Arcos me di cuenta que faltaba un kilómetro para la pensión. Fue el peor día para mi, 23k pero 18 con dolor.

Día 4 | Los Arcos-Viana

Después de descanso/tratamiento/calmantes amanecí con el pie hinchado pero con menos dolor. Teníamos una ruta menos exigente este trecho, así que arrancamos con tiempo fresco y seminublado hacia Viana, porque habíamos decidido hacer el trayecto a Logroño en dos partes.

No me exigí mucho, caminé acompañada gran parte del camino y sacando los bastones cada bajada para ayudar a mi rodilla, que era lo que me dolía.

Fue un camino suave, bonito y el paisaje fue cambiando: menos campos sembrados de trigo y más olivas y árboles a los lados. Tenía algunas subidas y bajadas pero no fue grave, este pedazo tenía varios cruces con autopistas e incluso un buen pedazo en la carretera. Pasamos temprano por Sansol, dormido como todos, y nos paramos a tomar un jugo, pero no por mucho tiempo, seguí sola, aunque en alguna parte del camino me encontré con María y seguimos mas o menos juntas hasta ver a Viana. En alguna parte del camino nos encontramos con un bar, con mesas y todo instalado entre los árboles, no nos quedamos, pero nos pareció una buena idea.

La entrada a Viana fue engañosa, porque para llegar al centro había que subir bastante, pero al entrar al centro tuvimos una imagen diferente a todos los pueblos que habíamos pasado: era una fiesta, las calles llenas de gente celebrando. Nos encontramos a parte de nuestro grupo sentados tomando cerveza en uno de los bares y nos sumamos. Caminamos 18k. Estábamos tan poco cansados que salimos a ver las fiestas de La Rioja en la noche. Antes de un tremendo aguacero.

Día 5 | Viana-Logroño

Estábamos contentísimos porque la ruta de ese día era corta y plana. Puse mi rodilla en hielo y el pie se me deshinchó.

El trayecto se sentía más urbano por pedazos, aunque atravesamos tramos bajo árboles grandes que iban a los lados de la carretera. Llegamos a Logroño temprano. La entrada en Logroño es bonita y tienen una buena oficina de turismo al llegar. Pero, como el hotel no estaba listo, caminamos por la ciudad lo que no hicimos en el camino. Resto del día libre. De Viana a Logroño 11k.

Dia 6 | Logroño-Palas de Rei

Este fue el día más fácil. Yo fui en la mañana al centro de Logroño para sellar mi pasaporte en la Catedral, estaba todo tranquilo pero en inminente preparación para las multitudes que esperaban por las fiestas de San Bernabé y el día de La Rioja, la noche anterior vimos el gentío.

Después hicimos un largo recorrido en carro hasta Galicia, con una parada en León, donde intentamos ver la catedral, pero estaba cerrada. Tuvimos la suerte de ver una procesión acompañada de una banda de la policía, con bella música.

Seguimos hasta cerca de Palas del Rei, dejamos las cosas en Casa Roan y nos fuimos a comer como los dioses en La Parada das Bestias. Ese día 0k, pero un montón de carcajadas.

Día 7 | Palas del Rei-Melide

¡Galicia! La verdad es que para mí Galicia es entrañable, no lo puedo explicar, la conozco poco, pero me trae a mi gallega cada vez que oigo a alguien hablar.

Amanecimos en una casa de de más de 100 años, de piedra y verde, atendida con cariño por una pareja de chamos. Aquí casi parece que las piedras crecieran junto al musgo, orgánicamente. Como estábamos en una casa rural, nos acercaron a Palas del Rei para empezar a caminar.

Este fue un trayecto hermoso, creo que el más bonito del viaje. Cada vuelta aparecían tres tonos más de verde que no habíamos visto, un horreo más bonito que los anteriores o una pared de flores más grandes que lo que uno se imagina. Hacía buen tiempo y caminando bajo la sombra de los eucaliptos no hacía calor. Todo perfecto.

En algún momento perdimos alguna flecha amarilla y empezamos a caminar por la ruta de bicicletas, esa parte no era tan buena porque casi todo era sobre asfalto. Cuando ya nos faltaban un par de kilómetros, empezaron a sonar los truenos detrás de nosotros. Habíamos tenido suerte y no nos había llovido ni una gota, pero Galicia… El punto de encuentro eran los pulpos en La Garnacha y tuvimos que correr el último kilómetro para mo empaparnos, los que no perdieron el camino ya estaban ahí, Óscar se quedó atrás y se equivocó de calle, pero pronto llegó. Recorrimos 15k.

De ahí a Casa das Corredoiras, otra casa rural bellísima que nos cobijó mientras diluviaba.

Día 8 | Arzúa | O Pedrouzo

Amaneció sin lluvia, consentidos por otra pareja de jóvenes gallegos con su mamá, que de nuevo nos acercaron al pueblo para arrancar el camino. Cuando empezamos, vimos un grupo grande de unos cuarenta muchachos preparándose para salir, con música y banderas. Y aunque salimos antes que ellos, nos cruzamos varias veces en el trayecto con sus cantos y su alegría.

Este pedazo tenía subidas y bajadas leves, y mucho verde y flores, la novedad era que ya se empezaban a juntar los distintos caminos hacia Santiago y conseguimos gente por todas partes, casi nunca caminé sola. En Galicia uno no siente que atraviesa pueblos, sino caseríos y siembras, donde de repente te tropiezas con una iglesia pequeña. También se ve en esta parte una preparación para recibir a los peregrinos que no vimos en Navarra: allá había chorros de agua en las plazas de todos los pueblos para rellenar los termos, aquí hay bares, la mayoría bien montados y atendidos, porque tienen mucho público. Gran parte de este trayecto lo hice con la tocaya y Ramón, buena conversa.

Caminamos 19k hasta O Pedrouzo (que también lo llaman Arca u O Pinho), este pueblo es una calle con pensiones, farmacia, restaurantes y tiendas para los peregrinos. Quienes llegamos temprano nos comimos un banquete de carne a la piedra, los que llegaron después del aguacero comieron pizza.

Día 9 | O Pedrouzo-Santiago

El último día, ya listos para “abrazar al santo”, con medias especiales. Se sale de este pueblo por caminos verdes, muy verdes después de la lluvia de la noche, bellos bosques que poco a poco se van quedando atrás y uno empieza a recorrer calles, edificios industriales, aeropuertos, caminos con mucha gente… la entrada hacia Santiago de Compostella no es tan bella. Finalmente se llega a un parque grande, bonito, que se llama Monte del Gozo, a 5 kilómetros del centro. El día que llegamos se preparaban para recibir a un montón de jóvenes para un festival de música, conté 240 carpas dentro del parque.

Nosotros seguimos, habíamos acordado que llegaríamos todos juntos a la plaza, así que hicimos varia paradas para esperar a quienes venían atrás. Nos tomó una eternidad llegar a la Plaza do Obradoiro, frente a la Catedral, pero llegamos juntos y felices. Muy sabroso logro. Este día fueron 20k. Quisimos celebrar esa noche con una buena cena, pero no pudimos conseguir reservaciones, terminamos en un bar en una calle, igual de cansados y contentos.

Al final extrañé no haber conocido ni podido fotografiar a los locales de los pueblos que pasamos, vimos muy poca gente en esos sitios, los campesinos en el campo y al mediodía la siesta.

Después de levantarme cada día preparada para, después de un buen desayuno, seguir poniendo un pie delante del otro, sentí como una nostalgia por seguir caminando. Uno se da cuenta de que esos pasos, uno a la vez, te llevan a cualquier parte. Al final decíamos “¿15k? ¿qué es eso para nosotros?”, nada como viajar con un buen grupo de gente. Agradecida por tanto, ese 14 de junio “abracé al santo”. Espero volver a hacerlo.

  • todas las selfies son cortesía de MF Flores.